Lo que empezó como una rave clandestina en un bloque industrial reconvertido — altavoces viejos, synthwave ilegal y barra de “choomba punch” con sabor a química de fábrica — terminó cuando NCPD recibió una denuncia anónima patrocinada probablemente por 6th Street o por un vecino que odiaba el BPM.

Hacia las diez de la mañana, unidades antidisturbios y drones de reconocimiento cercaron el perímetro. Testigos hablan de MaxTac en standby; la versión oficial niega su presencia. Los patrones coinciden con el silenciamiento previo en el brote del metro de Japantown.

La operación fue extremadamente violenta: puertas reforzadas derribadas con cargas tácticas, gas “no letal” que olía a reciclaje de biocid cromado, y al menos tres detenidos que aún no aparecen en el registro público.

A día de hoy el cordón policial sigue en pie. Nadie entra ni sale sin pase corporativo o soborno verificado. Los medios llaman “protocolo sanitario extendido”; en la calle se habla de estado de excepción prolongado bajo cobertura sanitaria.

Si conoces a alguien atrapado dentro, contacta por nuestros canales encriptados cuando estén activos. Mientras tanto, evitad el callejón de la chatarrería: los scavengers ya cobran peaje por “kits antivirales” hechos con chatarra y fe.